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17 noviembre 2011 4 17 /11 /noviembre /2011 06:46

52 Tras la tormenta

La plaza de la torre no tiene torre, no hay arroyo en la plaza que lleva su nombre, la de la fuente no tiene fuente, en las palmeras no hay palmeras, el helechal no tiene helechos ya, pero regreso. Una y otra vez, regreso a los paisajes de mi memoria, al despertar pueril, a la razón del hombre, a los sentimientos de la pubertad, a la pasión del aprendizaje, a la conciencia de la amistad, al descubrir sexual, limitado entonces por la fuente del depósito y la cancha de los estudiantes, y a toda esa creación de uno mismo y formar parte de la de otros que solo ocurre una vez, y, aún así, emprendí la huída.

Frente a mi casa y el ayuntamiento se encontraba la pista de despegue, con dirección a la torre donde no hay torre, una vez que los aviones estaban en el asfalto, tomar impulso y despegar sólo era cuestión de deseo y de fuerzas, la orden llega  directamente del estómago y recorre, como con una especie de autorización eléctrica, todo el cuerpo. Si todo salía bien, cosa que nunca ocurrió, terminaría sobrevolando el tejado del bar la Parada. Con los años entendí que las pistas de despegue no pueden tener inclinación sino que deben ser completamente planas, no obstante, así lo imaginaba;  extendía los brazos y corría carretera abajo intentando escapar cuando aquella imperiosa necesidad de volar me desbordaba. A veces, también barajé la posibilidad de hacerme invisible  y subir a una de las “doaldis” que finalizaban su recorrido en Madrid, permitían la bajada y subida de viajeros justo enfrente, pero aún así prefería los aviones; asomaban por la sierra de San Cristóbal, sobrevolaban nuestras cabezas y desaparecían  por las Villuercas con destino a nadie sabe dónde. ¡Cuánto deseé tomar uno de aquellos artefactos voladores e ir donde ni yo mismo supiera!

 

Ser extremeño era uno de los pro; la necesidad de descubrir otros mundos, patear más allá del Palomar o del puente Jinjal, desenmascarar los caminos a donde se dirigen cada una de las desviaciones de la carretera que atraviesa el pueblo de Logrosán, de este a oeste y viceversa. La juventud, su irracional impulso, la duda o el desconocimiento, entre otros, eran algunos de los contra.

Tras mucho insistir sobre la necesidad de salir de aquel lugar, contaba mis 17 años cuando, por fin, subí a un autobús cuyo destino tiene apellido “de mar”  Lloret, en la provincia de Gerona, trabajaría durante los meses estivales en la pizzería “Mortadelo” en jornada de 12 horas de lunes a domingo, por la nada despreciable cantidad de 40.000 pesetas -unos 240€-, alimentación incluida, aunque nadie me advirtió que  esta consistía exclusivamente en productos de la pizzería y poco más. El alojamiento era gratuito, en la casa alquilada por la entonces novia de mi hermano Susi que trabajaba en esa localidad,  tener alojamiento y protección fue lo que determinó en decidir a mis padres para concederme permiso. Aquí comenzó mi largo trasiego por pueblos, ciudades, capitales, tanto españolas como extranjeras como Barcelona, Sevilla, Santiago, Roma, Paris, Varsovia, Maputo o Nueva York, entre otras.

Me vencía la curiosidad, como a cualquier niño,  pero la mía era excesiva, quizá, e inusual, con todo aquello que tuviera que ver con el arte me quedaba absorto, museos,  música clásica, teatros, por el contrario, no tenía mucho interés por el futbol. El Guernica de Picasso y  cuál era el significado de aquel lienzo, la última extravagancia de Dalí y el interés mediático que despertaba, la película de estreno, aquellas que nunca llegaban al Capitol, o al cine de verano, las grandes ciudades con  la barahúnda de gente, coches yendo para yo que sé dónde y la inmensa cantidad de luces que salpicaban sus noches como si de estrellas se tratase, y me decía –tengo que comprenderlo,  que verlo,  que vivirlo-.

 

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Published by Pedro Parrina - en DICEN...
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Comentarios

Asun 04/28/2013 08:03

Me encanta. Éste también. Aunque tú no lo sepas éste y el resto de las narraciones breves me encantan. El género me gusta, y cuando son evidentes confesiones personales, retratos de una vida en
pinceladas profundas, me emocionan siempre, ya sabes, soy altamente emocionable. Pero me gustan, mucho, aunque es cierto que no te lo diga mucho. Son muchas las ocasiones en las que he abierto tu
blog y te he leído en silencio, con lágrimas, emocionada, descarnada y desalmada, y no, no he escrito ni una sola letra, ni un sólo gracias. Mis disculpas, mis agradecimientos, mis
felicitaciones,... son sinceras y espero poder enmendarme. Te quiero.

Presentación

  • : El blog de morenolinares.over-blog.es
  • : El arte me emociona, necesito encontrar la realidad a través de la pintura, de la poesía y la contemplación en silencio de algo bello. Después trato de alcanzar ese tiempo perdido en el que solo se aprende a morir.
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  • Pedro Parrina
  • Vivo por envidia al incondicional amor que me profesan unas pocas personas, mi madre, mi pareja, mis hermanos. Escribo corroído por la envidia que me provocan  Neruda, Benedetti, Lorca, Cervantes, etc.
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