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7 febrero 2011 1 07 /02 /febrero /2011 06:28

Hace tiempo oí hablar de la existencia de un pueblo del cual me van a permitir no desvele muchos datos, menos aún su localización, por las razones que en adelante les explicaré, y espero entiendan, este pueblo tiene unas características muy especiales y está sujeto al estricto cumplimiento de unas normas que fueron aceptadas desde su creación, la primera es que las casas solo pueden constar de un espacio interior sin muros divisorios, la segunda, y ésta fue la que más llamó mi atención, es que ninguna puerta puede estar cerrada con llave, ni de día ni de noche, con el fin de permitir el libre acceso a todo aquel o aquella que desee –ésta es la principal razón por la que no desvelaré datos del lugar donde se encuentra-. 

Pues bien, existe y he tenido la oportunidad de comprobarlo en persona, casualmente en uno de mis viajes llegué  a esa población y no pude por más que pararme a certificar lo que había escuchado.  Las casas, a pesar de tener un solo espacio, son todas diferentes, en altura, anchura, color,  materiales, decoración exterior, interior. Nada más llegar me dispuse a entrar en la primera que me apeteció,  algo reticente por no saber que me encontraría dentro, y cuál fue mi sorpresa que al acceder al interior me recibe una persona sonriente que no me pide explicaciones de que quería, de los motivos por los que estaba allí dentro, ni nada de nada, me paseé en silencio por la estancia, observé, comprobé que aquello que me estaba pasando era posible y que no ponía ningún impedimento -no es necesario decir que en cuanto salí de aquella vivienda me dispuse a entrar en otras cuantas por si acaso había sido una coincidencia-  créanme, en todas me recibieron una o varias personas más o menos sonrientes, todas agradables a primera vista, he de decir que alguno se extrañó  al ver mi cara de extrañeza.

 Cuando me fui de aquel lugar me propuse volver acompañado de familiares o amigos para que vivieran la misma experiencia que yo, así lo hice, y por supuesto a mis acompañantes no les comenté nada de lo especial del lugar, ese hecho provocó más de una discusión durante el viaje, quizás debido a la  falta de información, al cansancio del trayecto, tal vez influyó el incidente con otro vehículo que casi nos obliga a salir de la carretera o la simple circunstancia de que no había cobertura para móviles, pero bueno, yo quería que la situación les sorprendiera tanto como a mí y así fue, aunque la sorpresa mayor fue la mía.

Al llegar les dejé solos, les dije que podían entrar donde quisieran, ver, tocar y pasearse por dentro de las casas, y  acordamos  reunirnos en el mismo lugar dos horas después para compartir experiencias.

 En esta ocasión el recibimiento fue algo diferente -les explico- En la primera casa que entré había un hombre con cara de enfado, en un principio estuve a punto de darme la vuelta y no entrar pero me adentré e hice lo mismo que en las otras viviendas, salí de allí algo sorprendido por la situación. En la siguiente casa había, no una, varias personas disgustadas con mi presencia, diría más, enojados, eso me agobió y abandoné inmediatamente la casa,  angustiado e incluso cabreado. Quizás desde mi primer viaje  todo era diferente y estaban hartos de visitas, no me explico el porqué. Estaba cansado del viaje, de las discusiones con los amigos y tal vez eso me hacía sentir las cosas de diferente modo, el caso es que me preguntaba a mi mismo qué les estaría sucediendo a los demás, cuáles serían sus experiencias.

Antes de decidir dar por finalizadas aquellas visitas entré en una última y no me atreví a dar dos pasos más allá de la puerta, parecían tan enojados que, cuanto más gruñían y refunfuñaban ellos, más gruñía y refunfuñaba yo, ante tanta tensión no tuve otra opción que abandonar el domicilio con un cabreo que mejor no os cuento.

Al reencontrarme con los amigos todos contaron historias diferentes, unos habían vivido experiencias agradables y otros desagradables, lo curioso de todo esto fue que esas experiencias tan dispares habían tenido lugar en las mismos hogares, es decir, a unos les recibieron amablemente y a otros con antipatía.

Por cierto, si estáis interesados en visitar esta población, únicamente os diré su nombre, se llama Comoyo;  no es que se llame Pedro, ni sea un error gramatical sino que su nombre  literal es “Comoyo”.

Olvidaba deciros que otra de las características de este pueblo es que ninguna de las casas está habitada y todas tienen como mínimo un espejo donde poder verse reflejado.

 

Los espejos  tienen la capacidad de reflejar imágenes, tú tienes la oportunidad de reflexionar y decidir qué imagen proyectas.

Con tus gestos y acciones proyectas a los demás el reflejo de ti mismo.

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Published by Pedro Parrina
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  • : El arte me emociona, necesito encontrar la realidad a través de la pintura, de la poesía y la contemplación en silencio de algo bello. Después trato de alcanzar ese tiempo perdido en el que solo se aprende a morir.
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  • Pedro Parrina
  • Vivo por envidia al incondicional amor que me profesan unas pocas personas, mi madre, mi pareja, mis hermanos. Escribo corroído por la envidia que me provocan  Neruda, Benedetti, Lorca, Cervantes, etc.
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