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29 septiembre 2011 4 29 /09 /septiembre /2011 07:22

Lo de bocadillos bajo el nombre –supuesto reclamo  turístico- me parecía fantástico, a pesar de que normalmente no los había, ni tampoco turistas.  Aquel pequeño bar con vistas a la plaza de España  esquinado con la calle del Consuelo se encontraba en el centro neurálgico del pueblo, frente a la gran plaza rodeada por  balaustras de piedra en tres de sus lados y, en el otro, a un nivel superior, los “poyos”, utilizados como asiento para observar el cuadrilátero ajardinado perfectamente delimitado por  setos regulares en forma trapezoide y  que culminaban en cuatro arcos de capitel en cada uno de los cuatro accesos. Los pasillos enlosados  transportan hacia el pilón, una fuente de piedra circular de cuyo centro emerge una pilastra coronada por otra de menor tamaño, de ésta cuatro caños vertiendo  agua, a chorros, incesante, y coronando todo el conjunto una gran bola del mismo material. En el interior de cada uno de los trapecios, rompiendo la geometría, a modo de pinceladas, majestuosos rosales de vistoso colorido y agradable perfume rubrican el lienzo que tuve frente a mi ojos, los primeros años.

 El pasado siglo, un dos de marzo, martes de carnaval -importante detalle-, mi padre pedía a los clientes que abandonasen el local y se diese aviso a la comadrona, nuestra vecina tres puertas arriba, porque mi madre tenía las primeras contracciones de parto.

De haber tenido conciencia hubiese esperado hasta después del miércoles de cenizas con el fin de evitar aquel mal trago;  la partera, curiosas y ayudantas disfrazadas con las más variopintas vestimentas,  harapos, refajos, y todo lo que habían desempolvado de los viejos baúles. Nada más terminar los dolores y una vez fuera, se reabrió el local a los clientes para hacer caja. Mi primera visión fue totalmente Almodovariana, y por supuesto que, entre tanto travestido, no conseguí distinguir la imagen de mi progenitor.

¿En qué mundo había desembarcado?

–Aún hoy mis amigos dicen que soy raro-.

El bar Victoria era también nuestro hogar, desde allí vi pasar -me consideraba un simple observador- los primeros años. No recuerdo ni entiendo exactamente cómo fue posible que siendo ya seis hermanos nos acomodáramos todos en aquel pequeño habitáculo, los mayores Manolo y Susi dormían entre sillas de formica marrón claro jaspeado, en principio eran 5 y luego aumentaron a 7 en reciprocidad al aumento de estatura; era fácil, se enfrentaban los culos de las sillas en número par, otra hacía las veces de cabecero y encima se extendía un colchón de pura lana virgen. La Pepi dormía sola por ser la mayor, los demás;  la Carmini, Carlos “Carlancho y yo dormíamos en la sala, que también hacía las veces de salón y comedor, en un colchón que encajábamos en el suelo junto a la cama plegable de mis padres, una maravilla de la ingeniería que con el tiempo fue mía.

A través de las rendijas de la puerta, cuando aún no había quitado los contrafuertes de madera que protegían los cristales o bien a través de éstos, observé y observé el gran escenario, el discurrir de las gentes arriba, abajo, el trasiego de jamelgos, el carro de la basura tirado por una mula, mujeres con  cestos de mimbre a la cabeza repletos de ropa con dirección al Helechal –que no tiene helechos-  que es el lavadero municipal, las aguadoras esperando turno para llenar los cántaros en la hoy restaurada fuente de los caños y, entre otros míticos personajes, Teresa Mordijuye,  a la que no puedo dejar de hacer mención pues cada día cruzaba por mi puerta arrastrando una de sus piernas y empujando aquel carromato que a duras penas aguantaba el peso del cargamento de barras de hielo o los rollos de películas que se iban a visionar el domingo siguiente en primera sesión y el posterior jueves en segunda, al heladero, al pregonero, al afilaor, al butanero, entre otros.

Todo pueblo que se precie de tal debe tener su “Pepeleches” y, por supuesto, como no podía ser de otro modo, el mío, con categoría de Villa, lo tenía. Vivía justo enfrente, era hijo del farmacéutico Don Juan, a la derecha una las casas señoriales la de Don Alfonso el médico, justo al frente, la gran fachada blanca del ayuntamiento que ocupa en su totalidad el lado derecho con la torre del reloj que culmina con el pararrayos, al fondo la gran balconada con arcos y debajo los soportales, refugio y lugar de encuentro para juegos de los otros niños al salir de las escuelas, continuando el cuadrilátero hacia la izquierda una moderna casa de cuatro alturas, que en su planta calle poseía el único escaparate hasta el momento, hacía las veces de tienda tipo rastro, Don Amaro el practicante, la casa de Don Carlos  de cuya fachada cuelga un escudo en piedra ribeteado con diez cabezas de moros a modo de trofeo, y la retahíla de bares, el de Diego Batalla, forofo atlético, justo encima en el primer piso la discoteca de Tomás, el de los Pajotes, el de Trebejo cuya fachada estaba totalmente abaldosinada , y después el de Cirilo que también regentaba “el baile” donde se celebraban  bodas. Entre los habituales al Victoria,  Pepe Erre, consumidor diario de chatos, Don Alejandro Audije sólo domingos y fiestas de guardar, un botellín, al igual que El señó Tomás, el zapatero.

Los bares de alrededor de la plaza instalábamos en la calle, durante los meses de verano, mesas y sillas como  terrazas, algunos turistas despistados que se dirigían hacia el monasterio de Guadalupe efectuaban una parada de avituallamiento, este hecho me proporcionaba mucha información, por ejemplo el contacto con otros idiomas, sobre todo franceses. En una ocasión un matrimonio y una niña de color -negro- se sentaron en una de las mesas, era la primera vez que veía al natural alguien negro y he de decir que me sorprendió aquella visión, vestían incluso elegantes, no eran para nada como se les veía por la tele, descalzos, semidesnudos y hambrientos, o como en la serie  de kunta kinte “Raíces”. Pero lo que más llamó mi atención fue que hablaban alemán, lo sabía por las películas de nazis, en el caso del matrimonio podría ser lógico pero… y la niña. ¿Cómo podía haber aprendido alemán si sólo tenía tres o cuatro años y, además, era negra? Yo suponía que todas las personas hablaban español y no entendía por qué extraña razón hablaban un segundo idioma, ésta y otras incógnitas me decidieron a emprender la huida.

19 Ayuntamiento

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17 septiembre 2011 6 17 /09 /septiembre /2011 07:14

enriqueta-058.jpg  

15 La luz se hizo

 

 

 

Era mi madre –la andaluza-, por entonces, una señora que no tenía tiempo para envejecer, poblaba su no muy espesa cabellera, además de un gran ingenio para mantenernos alimentados y vestidos, pelo corto moreno fino, su suave piel sin vello -para envidia de las demás-  olía a puchero, a natillas y a arroz con leche. Siempre arremangada, colgaba sobre su cuello, y anudado a la espalda,  un mandil a cuadros azul o verde, haciendo juego con las cortinillas del aparador, con bolsillos donde escondía la llave de la despensa.

Recuerdo que, en aquella época, sus mejillas me eran inaccesibles, no resultaba fácil darla un beso porque siempre estaba ocupada, de pie, no se sentaba porque no tenía tiempo sino para comer, o coger al más pequeño entre sus poderosos brazos, –para envidia propia- desabrocharse la blusa, y amamantarle; primero un pecho, después el otro.

Cuando despertábamos, hacía tiempo que ella estaba en la cocina frente a  grandes perolas de porcelana, hirviendo leche, azuzando el fuego al cocido, las lentejas o los habichuelos, que eran el pan nuestro de casi todos los días, a veces, patatas con huesos, y otras, las menos, un plato de filetes con huevos fritos, sin ajetes o cebolleta, ni tampoco pasados por agua; ésos solo los come uno cuando es padre. Según reza el refrán y según dice mi madre “Cuando seas padre comerás huevos”.

-Mi mama –sin acento en la a- me mandaba a los recaos para lo cual estaba, y estoy, dispuesto.-Dice mi madre que se lo apunte. -Le decía yo al tío Francisco el del comercio de la esquina, tirando parriba por la calle del Consuelo, o al de los ultramarinos, o al tío Carrasco, o al tío Marica –el del café cubano-.

-Dice mi madre que esta tarde no puedo venir a la escuela porque tengo que ayudar en casa. –Le decía a doña Tili la de religión, o a doña Inmaculada la de música y plástica, o a don Alonso, o a doña Consuelo-  Yo sólo podía asistir a clases consideradas importantes: lengua, matemáticas, historia, ciencias y, a veces a francés, no siempre.

“Dice mi madre” se convirtió en mi genio de la lámpara maravillosa, en la todopoderosa frase con la que conseguir aquellas cosas que creía necesitar; iba donde lo vendían y: -dice mi madre que se lo apunte-.  En excusa para hacer novillos –dice mi madre que no puedo venir mañana, o esta tarde-. En mi escudo protector –dice mi madre que te vas a enterar cuando te pille-.

A ella acudíamos para que nos quitase las lombrices, esa era otra de las pocas ocasiones en las que, sobre una pequeña y desvencijada silla de enea, se sentaba; nos bajábamos los pantalones, o la Carmini se subía la falda, y nos dejábamos caer sobre sus poderosas piernas, boca abajo, con el culo en pompa, ella cuidadosa, con un imperdible o una horquilla nos aliviaba aquel escozor insoportable.

En otras ocasiones acudíamos a mama – sin el artículo la- para que nos aliviase los sabañones con algún ungüento  refrescante, para tomarnos el calcio 20, que según decían era bueno para fortalecer los huesos, o para ver cuál de nosotros reunía el valor suficiente para sustraerle temporalmente la llave de la bodega donde guardaba los dulces y, constantemente, unos tras otro para preguntarle ¿qué había de comer?

 –Arroz y gallo muerto, o, -Si tienes hambre cómete la lengua, la tienes en la boca.

Hoy día, mi madre –la Enriqueta- dice que no tiene tiempo, quizá debido a que no encuentra alivio para los dolores de huesos consecuencia de las enfermedades que le han tocado en suerte; entre otras, la autoimpuesta soledad, de quién no quiere ser una carga para los demás, y, de quién es conocedora de su genio.

Ojalá pudiese, con una horquilla o un imperdible, aliviarla ese insoportable “rescozor” -Una madre es para nueve hijos, pero nueve hijos no son para una madre –dice mi madre-.

 

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5 agosto 2011 5 05 /08 /agosto /2011 07:13

Y tu preguntas ¿a quién pertenezco?

Yo soy  “de esa”,  

la de verdes cabellos,

airoso tabaleo

que enrama el cielo

con zarcillos de bello tas hojalatero,

la del tajo en madera,

mimbre a la cintura,

piel ceniza y nalga quema,

castos pechos por taimada montanera,

de exquisito paladar, mi amargura,

poda el hombre en dulce fuego

y en mi fruto se apodan

los hijos de Extremadura.

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19 julio 2011 2 19 /07 /julio /2011 06:43

He de aprender a no amar,

a no herirme, vivir. . .

aceptando tu ausencia

aunque me duela, amor,

no tenerte.

 

He de aprender a ahuyentar

a la muerte

para no herirte, vivir. . .

a la espera

del instante que me precises.

 

 

Madrid, 18 de julio de 2011

Pedro Moreno Linares

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20 junio 2011 1 20 /06 /junio /2011 16:10

 

Se inician, conectan, navegan, se entretienen, chatean, se molan, se aumentan, menguan –acortan-, se alucinan, cliquean, se descargan, se envían, se reenvían, se agregan, se evidencian, –se videan-, se abren, se descartan, minimizan, se cierran, se movilizan,  esperan, se archivan, se editan, se eliminan, se  privatizan, se copian, se cortan, se despliegan, se apodan, se guardan,  aseguran, se pasan, se  visualizan, se ciegan, se internan, se paran,  reparan, se hipotecan, se informan, se empapelan, desesperan, se ocultan, se muestran, se ausentan, se esperan, se entienden, se mienten, se invierten, apagan, encienden, se inventan, se camelan, se encuentran, se desvisten, se deshojan, se depredan, se palpan, se deshuesan, se deshielan, se acurrucan, se devastan, se fluyen, se regresan, se adecúan, se aíslan, se baten, se enardecen, se aguijonan, se devoran, se turban, se retuercen,  se observan, se achispan, se escriben, se llaman, se cuelgan, se quieren, se aman, se desean y nada cambia.

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10 mayo 2011 2 10 /05 /mayo /2011 17:17

El Dios al que yo amo no me castigará por amar, ni por sentir, ni por hablar, pues Él me dio corazón, sentimientos y boca. Pues el Dios al que yo amo no está escrito, ni hablado, ni alabado, está en  casa esperando un milagro; a ti, solo a ti.

Ama y comprenderás.

 

 

Estas palabras no son mías.

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30 abril 2011 6 30 /04 /abril /2011 06:47

 

Todo es pretérito

anterior a tus manos

a los ojos

al gusto

al tacto

a los oídos

al olfato

nada es perfecto

anterior a tus labios

 

 

Pedro Moreno Linares

Madrid, 17 de abril de 2011

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13 abril 2011 3 13 /04 /abril /2011 05:37

tierra de palabra

 literatura

sencilla y llana

 Extremadura

 eterna, acentuada

 Cáceres

la esdrújula

tu acento, mi voz

 aguda y átona

 Badajoz

 

 

 

 

Madrid, 13 de abril de 2011

Pedro Moreno Linares

 

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8 marzo 2011 2 08 /03 /marzo /2011 07:15

Vivo

muero en deseos,

deseos vivos, disueltos,

en este mar mío, muerto,

navego entre olas, me pierdo,

por fríos campos de invierno.

Vivo en sueños,

sueños reales, sinceros,

en este mi despertar, incierto,

vuelo entre versos, me crezco,

batiendo alas rumbo al viento.

De amor padezco,

amor, al parecer, ciego,

por este  divagar mío,  eterno,

camino entre nubes, me disuelvo,

entre poemas de amor

moribundos sentimientos,

muero, vivo, padezco,

deseos de amor,  sueño,

sueños de amor, deseo,

en este océano, el amanecer, mi peregrinar intenso,

navego al viento y vuelo entre olas,  por amor camino y por amor muero.

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27 febrero 2011 7 27 /02 /febrero /2011 04:18

 

Quiero que sepas que el tiempo no vuelve hacia atrás, que no importa dónde has llegado sino el camino que has recorrido, quién te ha acompañado y hacia donde te diriges y, por si acaso no te lo he dicho, que cualquier lugar sirve si estoy a tu lado.

Quiero que aprendas la diferencia entre un beso y un abrazo, que el amor no es un contrato, ni los regalos, ni las promesas, que la compañía no siempre significa seguridad, que aprendas a aceptar las derrotas con la cabeza erguida y mirando al frente, que se necesitan años para crear confianza y tan solo unos segundos para destruirla, que tienes derecho a equivocarte, que puedes quemarte si te expones al sol demasiado,  quiero que aprendas a decorar tu hogar sin esperar que nadie te traiga flores,  que entiendas que ser flexible no significa ser débil y que los héroes sólo son aquellos que hacen lo que es necesario, que las personas que te quieren también pueden herirte y necesitarás perdonarlas, que quizás aquella de la que esperas que te patee cuando caes, sea la única que ofrezca su mano para levantarte, que hablar puede aliviar el dolor del alma, que eres fuerte y que podrás ir más lejos de lo que imaginas porque tienes valor para enfrentar la vida.

Quiero que sepas que podemos disfrutar durante horas sin hacer o decir nada sólo por el placer de nuestra compañía, que, a veces, a las personas que más nos importan no les decimos que los amamos. Por eso hoy quiero que sepas, por si acaso no te lo he dicho, que te amo.

 

Pedro Moreno Linares

7 de febrero de 2011

www.morenolinares.over-blog.es

basado en textos de William Shakespeare

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Presentación

  • : El blog de morenolinares.over-blog.es
  • : El arte me emociona, necesito encontrar la realidad a través de la pintura, de la poesía y la contemplación en silencio de algo bello. Después trato de alcanzar ese tiempo perdido en el que solo se aprende a morir.
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  • Pedro Parrina
  • Vivo por envidia al incondicional amor que me profesan unas pocas personas, mi madre, mi pareja, mis hermanos. Escribo corroído por la envidia que me provocan  Neruda, Benedetti, Lorca, Cervantes, etc.
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