El arte me emociona, necesito encontrar la realidad a través de la pintura, de la poesía y la contemplación en silencio de algo bello. Después trato de alcanzar ese tiempo perdido en el que solo se aprende a morir.
-La Cara es el espejo del alma-
Su Eminencia el Cardenal Fernando Sebastián ha comenzado a ejercer su apostolado cardenalicio haciendo gala de una acusada y ostensible mala fe, una visceral inquina que incita y suscita aversión hacia los homosexuales.
Mire usted que esas “deficiencias” son obra de Dios, el cual creó un mundo perfecto con seres diferentes llamados al entendimiento, comprensión y respeto mutuos, a través de la máxima que nos enseñó su hijo Jesucristo; el AMOR.
“Amaos los unos a los otros como yo os he amado” –Dijo-.
Ese amor, en mayúsculas, al que se refiere Jesús nada tiene que ver con el sexo, se refiere al amor entre hombres, por definición; seres racionales, pertenecientes al género humano, caracterizados por su inteligencia y lenguaje articulado.
Un hombre es un hombre, independientemente de su sexo, varón o mujer, o varona como la denominó ÉL en el Génesis, independientemente del color de su piel, de cualquier otra característica física o psíquica, circunstancia social, política, económica o personal, e incluso de su propensión a la buena, mala, o nula fe.
Un homosexual no es un deficiente por su condición, al igual que un blanco no es deficiente en melanina ni un negro la posee en exceso. Es un varón o varona que tiene inclinación hacia personas del mismo sexo, y digo inclinación en su concepto de; afecto, amor y propensión hacia algo, que no necesariamente implica relaciones sexuales.
Esas “deficiencias” y su “tratamiento” a las que, entre líneas, con tan calculada y medida ambigüedad, usted hace referencia, puede conllevar a personas poco inteligentes a entenderlas como: taras, vicios, defectos, lacras…, e igualmente pudieran entender el modo de tratarlas como: persecución, reclusión, eliminación…, y no a personas, seres del género humano, hijos de Dios creados a su imagen y semejanza, tal vez no por su dios históricamente manipulable, interesado y adaptable a las circunstancias, sino por el mismo Iahvé, Jehovah, Alá…, y no necesitan ningún tipo de “tratamiento” por su condición de persona homosexual, intente comprender, procure entender el porqué de su creación.
El trato o tratamientos conocidos actualmente para la homosexualidad son los de; vejaciones, agresiones y asesinatos. En más de 70 países es considerada delito y conlleva pena de cárcel y en al menos 8 de ellos pena de muerte ¿Es este el tratamiento a que usted hace mención?
En cuanto a la comparación de la subida de tensión arterial, que parece que padece, con el tratamiento para homosexuales, debo decirle que, lo que sí está demostrado es que la represión sexual, como necesidad fisiológica que es, si provoca subidas de tensión, arterial entre otras, incluida la masturbación por defecto o por exceso -hágaselo mirar-.
La procreación no está vetada a los hombres y mujeres homosexuales, de hecho, un gay y una lesbiana pueden procrear casi sin disfrute, es decir, con el placer estrictamente necesario que toda relación sexual requiere -piense en ello- no sea que sean los llamados a la verdadera misión procreadora para la que instruye el clero “procrear sin placer” cosa harta difícil, pues es un goce creado para animar y alentar a los seres vivos a su multiplicación.
Cosa bien distinta es el uso o usos que cada cual hace con su sexo y sobre todo con el de los demás -investigue, remueva papeles, los tiene a su alrededor- ahí seguramente encontrará actos inmorales, poco éticos y judicialmente perseguibles, cuyo tratamiento requieren de la máxima repudia; pederastia, violaciones, necrofilia, etc.
Por último, le pido que observe la obra de Dios, en la naturaleza son innumerables las relaciones homosexuales entre animales irracionales, y no olvide su propia historia, la de su iglesia.
Todo conocimiento procede de la experiencia.
No ataquen al Ser por lo que es, sino por cómo ejercita su condición de ser.
Madrid, 21 de enero de 2014
Pedro Moreno Parrina